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Pasajero 21, crónica de una conferencia del arte japonés en México

Diversión en el jardín (O-niwa asobi), Japón, 1851. Xilografía policroma de Utagawa Kuniyoshi (1798-1861), colección Biblioteca Nacional de México, UNAM, exposición «Pasajero 21».

Con fotografías de Roberto Gutiérrez Contreras con autorización del Palacio de Bellas Artes.

Caricatura de José Juan Tablada, México, de Miguel Covarrubias, colección Carlos Monsiváis / Museo del Estanquillo, exposición «Pasajero 21».
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Caricatura de José Juan Tablada, México, de Miguel Covarrubias, colección Carlos Monsiváis / Museo del Estanquillo, exposición «Pasajero 21».

El pasado jueves 19 de septiembre en la sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes se efectuó una conferencia en el marco de la exposición titulada como “Pasajero 21. El Japón de Tablada”, conferencia ofrecida por la especialista Ana Garduño, reflexionando principalmente sobre la labor del coleccionista José Juan Tablada, quien fuera asiduo al exotismo y, quien fue pionero en la gestión del arte japonés en México.

La conferencista Ana Garduño inició su reflexión sobre la colección Tablada, no desde el enfoque directo del intelectual del siglo XX, sino brindando un trasfondo más profundo sobre el impacto del arte japonés en el arte decimonónico en el mundo, especialmente su influencia en el campo del impresionismo francés, donde generó un alto impacto y un cambio de estilo directo en los artistas franceses más afamados de la escuela impresionista, como lo fueron Claude Monet, Paul Gauguin, Edgar Degas y obviamente, el máximo exponente, Vincent van Gogh.

Garduño indicó que a partir de la apertura de los puertos japoneses al final del periodo Edo, en 1853, el arte japonés, especialmente la estampa, manifestaba un estilo particular, con representaciones costumbristas, pero también, brindando un especial énfasis en el paisajismo, como ocurre en la pintura titulada “La ola”, del pintor japonés Hiroshige Hokusai, datada entre los años 1830 y 1831, misma que bien podría manifestar cierta corriente impresionista si se pudiera observar desde el punto de vista de la Europa de finales del siglo XIX.

Sin embargo, la influencia japonesa en el mundo europeo comienza a permear a partir de Exhibición Internacional de Londres en 1862 y la Exposición Universal del año 1867 en París, así como las posteriores en los años 1878 y 1889 en la misma ciudad, o la realizada en Viena en 1873.

International Exhibition de Londres, 1862, Exposiciones Universales: Paris 1867, 1878 y 1889, Viena 1873.
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International Exhibition de Londres, 1862, Exposiciones Universales: Paris 1867, 1878 y 1889, Viena 1873.

Es así como la influencia de lo asiático comenzó a remarcarse en el arte francés, generando una experimentación estética e inspiración que renovaron el arte occidental, dando pie a términos como “chinerías” o “japonerías”.

La especialista también hizo hincapié en el hecho de que a la par de este fenómeno en Europa, México inicia relaciones diplomáticas con el País del Sol Naciente en el año 1888, aspecto que, sin embargo, no brindó un impacto en la estructura de la cultura del arte mexicano sino hasta ya entrado el siglo XX.

Es justo Salvador Novo, otro intelectual mexicano de la primera mitad del siglo XX, quien comienza a redactar textos que presentan la influencia asiática en la vida cotidiana de la sociedad mexicana, particularmente en su texto titulado “La estatua de sal”, donde hace referencia a una serie de decoraciones y atuendos claramente definidos como asiáticos, como la presencia de la palabra “kimono”, así como “falda de mandarín”.

José Juan Tablada en el sentido artístico, era alguien de profunda estetización, ritualidad y pasión.
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José Juan Tablada en el sentido artístico, era alguien de profunda estetización, ritualidad y pasión.

Una vez que Ana Garduño dejó en claro el contexto de cómo se fue integrando la cultura y el arte japonés tanto en Europa como en México, pasó a dar una serie de datos biográficos sobre José Juan Tablada (1871-1945), a quien se le podría considerar el primer promotor de la cultura japonesa en México. La conferencista refiere a Tablada como alguien con rasgos liberales y con apertura al exterior, pero que contradictoriamente mantenía una postura conservadora en sus ideales políticos, aspecto que se definía por su predilección y nostalgia por el régimen porfirista. En el sentido artístico, el coleccionista era alguien de profunda estetización, ritualidad y pasión, que además en sus características de personalidad, era alguien sumamente irónico, concentrado, curioso, que apreciaba mucho los placeres de la vida y que tendía a presumir y autopromocionarse en los círculos intelectuales y políticos de la época, no solamente en México sino en el extranjero.

Es precisamente Tablada quien comienza a definir no solamente el afrancesamiento del arte latinoamericano en artistas y autores como Rubén Darío (1867-1916) o Manuel Gutiérrez Nájera (1859-1895), sino que comienza a percibir que a través de la influencia francesa, se comienza a recibir una oleada de características del continente asiático, especialmente de japón, ya que con la corriente modernista y su búsqueda del exotismo, decadentismo y refinamiento, venía también una serie de estructuras provenientes de más allá de su origen francés.

Es a través de una pintura de Claude Monet titulada “Puente japonés” del año 1899, que Tablada gira su mirada a Japón, de tal manera que determina que el arte mexicano se vuelve un subsidiario del orientalismo francés.

Retrato de Julien Tanguy, Francia 1887, de Vincent van Gogh, colección Museo Rodín, conferencia «José Juan Tablada, coleccionista de exotismos».
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Retrato de Julien Tanguy, Francia 1887, de Vincent van Gogh, colección Museo Rodín, conferencia «José Juan Tablada, coleccionista de exotismos».

Garduño entonces retoma el contexto del arte francés, empezando con una de las pinturas de Vincent van Gogh, donde se puede ver claramente la figura de una Geisha, refiriéndose al Retrato de Julien Tanguy, pintado en 1887, en el que además es posible apreciar una colección de grabados japoneses, demostrando con ello el alto impacto que había tenido en el pintor neerlandés, mismo que funcionó como precedente para otros pintores del movimiento impresionista, incluyendo a mexicanos como Joaquín Clausell, quien en su pintura mantenía reflejos de lo que bien podrían haber sido obras de pintores franceses como Claude Monet, o incluso de artistas japoneses.

Ante toda esta oleada de parte de la influencia francesa, el llamado “Japonismo”, comienza a cobrar fuerza en México, gracias a los intelectuales de finales del siglo XIX y primera mitad del siglo XX, los cuales buscaban el refinamiento de otra estética, así como el misterio de la ritualidad y el no ascetismo oriental que, junto a su filosofía melancólica, su sensibilidad poética y la construcción de una realidad personal basada en el culto al instinto, las emociones y los sentidos, generaban la admiración de aquellos que vivían conflictuados con la realidad nacional. Ya para el siglo XX, las vanguardias generadas por el dadaísmo y artistas como Pablo Picasso, habían llevado a una reinterpretación del mundo oriental y una resignificación de la estética en occidente.

Posterior a las anteriores reflexiones del panorama nacional e internacional en el arte, se retoma la biografía de Tablada, justo en el punto en el que el intelectual había abierto una librería en los Estados Unidos con el nombre de “Librería de los Latinos” de José Juan Tablada & Co. Justamente esto ocurría mientras que en México, el movimiento de los principales artistas de inicios del siglo XX era instruido por Antonio Fabrés, donde personajes de la talla de Saturnino Herrán, Diego Rivera, Roberto Montenegro, Rafael Ponce De León, entre muchos otros, sembraban el terreno donde se crearía una enorme predilección por la influencia europea que, como se ha mencionado antes, ya estaba influenciada por los estilos orientales, especialmente por los japoneses.

Fachada de la Librería de los Latinos de José Juan Tablada & Co. Ubicada en  el 118 East 28th Street (New York City), en el año 1921, conferencia «José Juan Tablada, coleccionista de exotismos».
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Fachada de la Librería de los Latinos de José Juan Tablada & Co. Ubicada en el 118 East 28th Street (New York City), en el año 1921, conferencia «José Juan Tablada, coleccionista de exotismos».

Para el año 1942, era tanta la identificación con Japón, que en la colonia Country Club se crea el llamado Parque Masayoshi Ohira (primer ministro que llegó a México), también conocido como Parque de La Pagoda, inaugurado el 14 de febrero del citado año, pero que, ante la declaratoria de guerra a los países del Eje el 28 de mayo del mismo año, fue destruido y abandonado durante décadas, siendo totalmente restaurado hasta el siglo XXI.

Puerta del jardín de thé en Golden Gate Park, San Francisco, Estados Unidos, 1900, de José Juan Tablada, colección Archivo Gráfico José Juan Tablada, Biblioteca Rubén Bonifaz Nuño. Instituto de Investigaciones Filológicas, UNAM, exposición «Pasajero 21».
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Puerta del jardín de thé en Golden Gate Park, San Francisco, Estados Unidos, 1900, de José Juan Tablada, colección Archivo Gráfico José Juan Tablada, Biblioteca Rubén Bonifaz Nuño. Instituto de Investigaciones Filológicas, UNAM, exposición «Pasajero 21».

Sin embargo, Ana Garduño regresa unas cuantas décadas, específicamente al mes de mayo de 1900 en el que Tablada inicia un viaje a Japón con la intención de conocer lo que ya se había vuelto una obsesión para él gracias a toda la influencia derivada del arte francés y su apropiación en tierras mexicanas, siendo así que se embarca a la tierra nipona, sin embargo, en aquel entonces Japón no contaba con autorización para que los extranjeros permanecieran en la capital, la ciudad de Tokio, antiguamente conocida como Edo, por lo que, después de haber estado en la ciudad de San Francisco, California en los Estados Unidos (ciudad importante por la gran cantidad de inmigrantes japoneses y por las estructuras arquitectónicas basadas en el país asiático), desde donde abordaría el barco que lo llevaría a Japón, llega a la ciudad de Yokohama, donde se instala para vivir casi un año hasta el mes de febrero de 1901.

Lamentablemente para Tablada (y para el relato que regresó con él), el encanto y misticismo del exotismo prefabricado generaron que sus expectativas fueran frustradas por el desencanto al ver el verdadero Japón, donde el promotor cultural encontró una gran pobreza generada por los periodos de guerra, el rezago económico y tecnológico, sintiendo en carne propia lo que otros modernistas que habían viajado a Japón terminaron escribiendo, como el caso de Eliot Weinberger en su texto “Paz en Asia”, donde escribe “No todos los viajes ilustran”, o el caso de Odile Cisneros, quien dice “vieron lo que los franceses veían (o querían ver) a través de la lente del simbolismo y decadentismo”.

Portada del libro "En el País del Sol. Crónicas japonesas de José Juan Tablada" (1919), publicado por la Universidad Nacional Autónoma de México, conferencia «José Juan Tablada, coleccionista de exotismos».
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Portada del libro «En el País del Sol. Crónicas japonesas de José Juan Tablada» (1919), publicado por la Universidad Nacional Autónoma de México, conferencia «José Juan Tablada, coleccionista de exotismos».

Siendo así, Ana Garduño expresa que Tablada, ante su japonofilia, no pudo expresar la realidad que veían sus ojos, por lo que, en las crónicas sobre su estancia en Japón, se ven reflejadas sus ideas de modernismo, pero no sobre el país asiático. Es por ello que en su libro titulado “En el País del Sol” (1919), Tablada no refleja la realidad ni social, ni política, ni económica de su estadía, sino que sigue mostrando su idealizado sueño de su imaginario místico, así como ocurre en su poemario “Un día… Poemas sintéticos” (1919).

Tablada mantuvo su amor y predilección por el estilo japonés, siendo así que en su casa de Coyoacán se encarga de decorarla de forma oriental, plantando y cuidando incluso un jardín al cual llamaba “su mirador-ventana de la casa japonesa”.

Ya para la segunda década del siglo XX, Tablada se había convertido en un gran coleccionista de arte japonés, con obras como las de Hiroshigue, Okusai, y con estilos como el Ukiyo-e, donde abundaban los retratos de mujeres hermosas, identificando con ello a Oriente y la mujer como objetos del deseo masculino, satisfacción sexual y alivio contra el ennui (tedio), pero que también había representaciones de prostitutas, actores Kabuki. Por otro lado, su colección también contenía imágenes icónicas tanto de paisajismo, especialmente del Fujiyama, así como de costumbrismo.

Finalmente, la conferencia ofrece una pauta introductoria para comprender desde un punto de vista contextualizado la exposición Pasajero 21, misma que se encuentra en el Museo del Palacio de Bellas Artes desde el pasado 23 de Julio y permanecerá abierto hasta el próximo domingo 13 de octubre en el primer piso en las salas Nacional y Diego Rivera. Para mayor información pueden visitar la página del Museo de Bellas Artes.

Nieve en el jardín (Teichû no yuki), de la serie "El Genji en colaboración de pinceles" ("Gappitsu Genji"), 1859, de Utagawa Kunisada I, también conocido como Toyokuni (1786-1864), colección Biblioteca Nacional de México. UNAM, exposición «Pasajero 21».
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Nieve en el jardín (Teichû no yuki), de la serie «El Genji en colaboración de pinceles» («Gappitsu Genji»), 1859, de Utagawa Kunisada I, también conocido como Toyokuni (1786-1864), colección Biblioteca Nacional de México. UNAM, exposición «Pasajero 21».

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