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Surrealismo. Vasos comunicantes

A través de la noche se mueven las ideas, los deseos y los sueños. Esta característica no solo depende de una nación o de un continente, los aspectos oníricos de los seres humanos trascienden fronteras y no les importa si para llegar al otro lado del planeta deben de hacerlo a través de la pintura, la poesía, la fotografía o el cine, así hasta el Museo Nacional de Arte (MUNAL) ha llegado una recopilación de obras que dan muestra de lo universal de los sueños, y que al igual que el principio de fluidos descritos en física por Arquímides y transformado en discurso filosófico por André Breton nos da la pauta de realizar un buceo por el mundo de sueños de autores europeos y americanos que nos muestran la armonía que puede existir entre la fantasía y la realidad.

A pesar de que todos los seres humanos soñamos, no todos podemos entender los sueños de otros, incluso, no todos podemos comprender el acontecer dentro de nuestro subconsciente de tal forma que tenemos un profundo desconocimiento sobre lo que nos mueve en la oscuridad de nuestro descanso, y es eso lo difícil, lo excéntrico, lo imposible, y precisamente por ello, lo maravilloso del arte surrealista, porque a pesar de que podamos tener una excelente memoria sobre de nuestros sueños, el llevar la temática de ella, de nuestros recuerdos sobre de lo profundo de nuestra mente, nunca será una tarea sencilla, y esta muestra nos permite espiar por la ventana de los cuadros, de las teorías, de la escultura y de las escenas en movimiento lo impactante de la mente humana, misma que no interesa si se es español, francés o mexicano, poseemos dentro de nuestros cráneos un universo que explota y que crea pigmentos imposibles de conservar en la cabeza de Dalí, de Magritte o de Rivera.

Es raro que un principio de la física, ciencia y teoría sobre la realidad, sobre lo palpable y sobre lo posible, nos preste en la hidrodinámica la posibilidad de darnos un estilo artístico capaz de unificar a dos continentes, Europa y América, pero no solo unificarlo, sino igualarlo, ya no somos maestros y alumnos, ya no somos un estilo artesanal en América y un estilo de magnificencia en Europa, ya somos iguales, y de igual a igual, Ernst podría hablar y filosofar con “el Corcito”, podríamos entregarnos a un sueño en movimiento de Buñuel o a la filosofía de Breton, ni siquiera las diferencias de género son importantes, muestra en Carrington, Remedios Varó o Frida, las diferencias quedaron opacadas por la estética, lo grotesco, lo sublime y lo mundano de una forma de arte y expresión que en forma armónica o cacofónica envuelve a la vida y a la muerte en la fantasía de realidad del Surrealismo.

Cada material se vuelve parte del mundo onírico, que desde la difuminada separación con el dadaismo nos brindó una manera de transmitir las pesadillas y los encantamientos de dulces colores, el erotismo fundido en embelesamiento religioso, de respeto e irreverencia, eso es lo que nos tradujo el aroma surrealista, que al igual que la memoria de recién despertar no nos deja diferenciar si seguimos durmiendo o soñando, y es ahí donde la realidad se ha fundido en el sueño para seguir sintiendo las visiones de nubes dispersas para llegar al sabor de lo palpable.

Es confuso, igual que despertar, no hay rutina, no hay un porque o un como, no hay un psicoanálisis que nos diga la interpretación de una de las páginas del surrealismo, porque simplemente depende de las experiencias vividas en el transcurrir de nuestros días, transformadas en imágenes de peces y de alas que se transmutan para darnos nuevos seres imposibles en lo que vivimos diariamente, porque así es la vida, ver elefantes de patas gordas y cortas que solo en sueños puede crecer a dimensiones de edificios con la delgadez de un palillo, mientras que el tiempo se disuelve y se encamina a la coladera universal para nunca mas volver a tenerlo entre nuestras manos.

Contradictoriamente, ha sido la guerra, fuerza de destrucción, quien se encargó de crear el ambiente propicio que permitiera que el movimiento surrealista alcanzara su plenitud en ambos continentes al obligar que los artistas europeos migraran hasta América y llevaran consigo sus ideas, mismas que se mezclaron con las de sus contrapartes americanas, las cuales posteriormente al finalizar la guerra, llegarían a realizar épicas tertulias en los cafés parisinos continuando la mezcla de sus sueños y expresiones.

Ésta exposición se mantendrá en el MUNAL hasta el día 15 de septiembre del presente año, y es quizás de las mejores propuestas para visitar museos durante el periodo vacacional ya que difícilmente se podrán ver reunidas tantas obras de tantos artistas. La ubicación del MUNAL es Calle Tacuba # 8, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, frente al palacio de Minería, muy cerca de las estaciones del Metro Allende y Bellas Artes.

Todas las imágenes fueron tomadas con autorización del Museo Nacional de Arte (MUNAL) Año 2012, derechos reservados de cada uno de los autores o dueños de las obras.

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